Una historia de sobrevivencia
A los que nos toca vivir muy de cerca un suicidio sabemos que siempre hay caos alrededor de la vida que se nos va en ese fatídico momento de decisión.
Mi única hermana era 3 años y 8 meses mayor que yo. Siempre redondeábamos a nuestra conveniencia, ella decía ser solo 3 años mayor y yo siempre decía que ella era 4 años mayor. Siempre fue divertido pelear por eso.
Desde pequeñas siempre fui diferente a ella y a mi madre. Mi alma gemela familiar era mi abuelita que fue quien nos crió a mi hermana y a mi mientras mami, una güila ella misma, apenas lograba trabajar para mantenernos. Mi padre biológico era un hombre muy inteligente y con estudios pero eso lo usó para evitar apoyarnos económicamente y mami fue engullida por la maquinaria del divorcio y con una pensión de 2 mil colones para dos niñas pequeñas en la década de los 80’s. Mami en su esfuerzo y su juventud se refugió en el alcohol para sobrellevar tanta responsabilidad. Ahora la entiendo, la perdono y más que nunca la amo.
Mi hermana siempre se sintió más pequeña que yo. Teníamos chips diferentes. Yo siempre supe que para salir adelante de nuestra pobreza tenía que estudiar y estudiar y estudiar. Eso hice. A los 19 años me gané una beca para estudiar en Estados Unidos y me fui sin pensarlo.
Pero me adelanté. En nuestra infancia recuerdo que mi hermana siempre me golpeaba con su jerarquía de hermana mayor, hasta un día que no me pudo ganar a los golpes y empezó a respetarme. Tenía una rebeldía de adolescente aún antes de llegar a la adolescencia. En su corazón era una persona noble, dulce, buena y amable pero cuando la tomaba esa furia y esas ideas de que alguien la quería dañar se transformaba en una persona desconfiada y agresiva.
Esa fue mi hermana casi toda mi vida. Llegó a la adolescencia 4 años antes que yo, o 3 años antes hubiera dicho ella y nuestro hogar se volvió como un caldero de fuego que de vez en cuando echaba humo. A todo esto mi mami se había casado con mi padrastro, mi hermana tenía 11 años y yo 7 cuando eso pasó y papi fue un bálsamo que aplacó el alcoholismo de mami y la enfermedad de mi hermana. En ese momento yo no tenía noción que lo de mi hermana era una enfermedad, aunque desde que tengo razón siempre supe que algo no estaba bien con ella y con nuestra relación… ahora sé que tenía Trastorno límite de la personalidad o Borderline.
Pasó la adolescencia y toda ella fue agresiva, llena de drama y violenta. Yo recuerdo claramente desear con todas mis fuerzas no llegar a ser adolescente porque no quería llegar a tener su agresividad y su enojo, como todos decían que el problema de mi hermana era la adolescencia… yo no quería llegar a ser así… Recuerdo que cuando yo cumplí 15 años mis amigos me hicieron una fiesta sorpresa. Mis papás no pudieron hacerme una fiesta y yo la verdad no tenía el menor interés en un 15 años rosado y con vestidos de vuelos. La fiesta de mis amigos de la iglesia fue maravillosa para mí. Al final de la fiesta, en casa de mi abuelita (mi alma gemela) yo estaba recogiendo mis regalos, muchos de ellos piezas de vidrio y cristal, cuando mi hermana entró en cólera y me quebró todas y cada una de las cosas que me regalaron. Al día de hoy puedo recordar y sentir la tristeza que viví en ese momento. No lograba entender ese sentimiento hacia mí… nunca pude… hasta ahora…
No cuento todo esto para deshonrar la memoria de mi hermana, sino para poner un tono de lo que fue mi vida con ella. Golpe tras golpe fui alejándome de ella. Debo aclarar que durante parte de su infancia y toda su adolescencia y juventud fui yo quien se iba a meter a su cuarto para hablarle y darle terapia para que no se pusiera triste, ni agresiva ni enojada… siempre a pedido de mi madre que no sabía ni que decirle. Siempre fui yo quien iba a regañarla, aconsejarla y hacerla entrar en razón. Será por eso que todavía hoy soy el referente familiar para guiar y resolver los problemas.
Cuando pasó la adolescencia de mi hermana y luego la mía, yo entré en mi rol de estudiante universitaria y obtuve una beca para irme a Estados Unidos y la aproveché tanto que mi carrera a punta de mucho trabajo, estudio, sacrificio y esfuerzo logró despegar siempre con los altos y bajos de la vida. Mi hermana nunca superó la adolescencia… aunque ahora sé que no era ese su problema como todos decían, ella estaba enferma… Cuando estuve fuera y cuando volví siempre fui el objeto de su miseria y de sus comparaciones, siempre fui la egoísta la que había luchado pero al abandonar el hogar había sido la mala ante sus ojos. Luego en el año 2002 formé mi propia familia y dos años después tuve a mi hija. Por cuestiones de trabajo tuve que irme 7 semanas a Europa para capacitarme en un nuevo trabajo. Dejé a mi hija con mi esposo y con mi mamá cuidándola. Como mi hermana vivía con mami y estaba físicamente en el mismo lugar que mi hija bebé (en ese momento) los siguientes 10 años me reclamó que ella cuidó de mi niña mientras yo estaba paseándome por Europa. Siempre tuve que lidiar con el estigma de ser la mala ante sus ojos.
No fueron suficientes los años que, desde que tengo memoria me dediqué a sacarla de sus depresiones, ataques de ira, enojos, y todo lo que mi madre no pudo manejar, siempre fui yo quien asumió ese rol de guía y un poco de madre de mi hermana mayor.
Hasta que llegó un día allá por el inicio del milenio, pleno año 2000 donde no pude más ser esa muleta en la vida de mi hermana. Un día que dije, no más, te quiero y te he dedicado muchas horas en apoyarte y ayudarte pero no puedo seguir con esto porque no doy más. Ese día fue el día que mi novio perdió la vida en un accidente de aviación. Eso pasó 10 días antes del cumpleaños de mi hermana y como es lógico perdí la noción del tiempo y estuve en un estado de supervivencia por al menos 6 meses. En esos días olvidé decirle a ella que feliz cumpleaños y su ataque de furia en mi contra fue tan fuerte, que ese día ella se salió de mi corazón. Ahora entiendo que su ira y su enojo infinito era dolor, infinito e inmenso dolor, pero en ese momento, viviendo yo mi propia tragedia tomé la decisión consciente de alejarla de mí para que no me lastimara más.
Los años pasaron y la relación a distancia mejoraba y empeoraba. Mi padre falleció, mi matrimonió terminó y yo seguía adelante con mi hija luchando y tratando de estar cerca de mi madre y mi hermana, quienes vivían juntas. Al no estar papi ya entre nosotras, se desarrolló una relación de codependencia entre ellas muy grande, como parte de su propio problema mi hermana mutilaba emocionalmente a mami y mami se dejaba mutilar ante los reclamos de mi hermana de querer tener la madre que “nunca tuvo”. En ese círculo yo trataba de intervenir pero no muy de cerca porque mi propia integridad emocional estaba de por medio.
Los últimos días de mi hermana fueron terribles. Al haber tanta codependencia entre mami y ella, yo me fui metiendo más para proteger a mami. Llegó incluso a intervenir trabajo social porque mi madre estaba tan mutilada emocionalmente que en el hospital se dieron cuenta e intervino la trabajadora social. Mi hermana trató de culparme de todo pero luego de poco tiempo la trabajadora social se dio cuenta de que la codependencia entre ellas era muy grande y puso a mi hermana en una disyuntiva de soltarla un poco y retomar su propia vida. En ese esquema yo me sentía aliviada de tener alguien externo que finalmente me hiciera un espacio para tratar de rescatar en algo a mi madre y así lo hice. Empecé a traer a mami a mi casa a pasar fines de semana completos, a chinearla, a que fortaleciera el vínculo con mi hija ahora de 10 años. Ese espacio con nosotras fue más de lo que mi hermana pudo soportar. Atentó contra su vida tomando pastillas y fue precisamente la trabajadora social, en una visita de seguimiento a mami, quien la encontró y llamó a la ambulancia. En ese internamiento mi hermana fue diagnosticada con varios padecimientos mentales muy fuertes siendo el principal el Trastorno límite de la personalidad o Borderline. Conocer esto y leer al respecto fue para mí, luz a tanto comportamiento tan irracional e incomprensible que tuvo durante tantos años y que empeoró mucho hacia el final. Saber que todo lo que pasaba en su mente era producto de varios padecimientos que con los años y sin el debido tratamiento se intensificaron le daba una explicación racional a tanto maltrato, tanta sospecha de ella hacia todos, tanto drama, tanta amenaza, tanto dolor y tanta falta de paz. Luego de ese internamiento mi participación en el núcleo familiar de ellas dos se intensificó. Ella entendió que ocupaba ayuda, que debía tomar su tratamiento, que su enfermedad era algo real y muy fuerte. Había luz al final del túnel. Empezó a tramitar su pensión por invalidez, obtuvo un seguro médico apoyándose en ser la cuidadora de mi madre y parecía ir mejor en su enfermedad por fin identificada.
Sin embargo, no era así, nos había engañado a todos. Su dolor trascendió y se intensificó. Nosotros no lo vimos pero ella en todo este proceso final trazaba sus planes para acabar con su vida y nosotros simplemente no supimos leer su comportamiento y sus verdaderos planes. Regaló sus gatos con la excusa que a mami no le gustaban y la trabajadora social la iba a castigar si los conservaba. Le regaló a mi hija unas fotos que había jurado darle para sus 15 años. En su intento de suicidio con pastillas cuando la encontraron tenía un brazo quebrado porque, nos dijo, se había resbalado, pero ahora sé que fue auto-infringido. Su dolor fue más grande que su deseo de vivir, su miedo a vivir fue superior a su miedo a morir.
Lo preparó todo. Finalmente nos castigó a todos, empezando por ella misma. No pudo más. Un día de febrero durmió con mami en la cama matrimonial de mis padres y se levantó temprano. Se fue al patio y se quitó la vida. Mami fue quien la encontró. Mami me llamó muy temprano y me lo dijo. Temí por mi madre, perdí la noción de la realidad y actué únicamente por instinto, proteger a mami, sacarla de la que, por 40 años fue su casa, controlar el caos… asumir el rol de proveedora de paz. No sé cómo pasamos ese día y los que vinieron después… solo sé que Dios nos tomó de su mano y yo tuve el apoyo de mi novio y de mi hija. Y aparecieron los ángeles que nos ayudaron a salir adelante. Esos ángeles que uno llama amigos y que en mi corazón son familia, familia para toda la vida. Uno de mis ángeles fue Jackie, a quien Dios me la mandó meses antes del suicidio de mi hermana. Nos conocimos virtualmente y algo nos conectó… fue Dios no tengo duda de eso.
Ahora pasados 6 meses de la partida de mi hermana, hemos aprendido a adaptarnos. Mi madre está bien, con un hueco en el alma pero ha seguido viviendo y tiene nuevos intereses. Está en un hogar de día donde ha hecho amigos, ella apenas ronda los 65 años por lo que su condición física es muy buena, ha aprendido a que otros están peor que ella y se siente útil. Conmigo y con su nieta ha mejorado los lazos. Y a mi hermana la recordamos con amor, sin caos, sin el dolor que tanto la hizo sufrir y que tanto hinchó la relación con todos los que la queríamos… ahora que pasó el caos, queda el vacío de recordar su dolor pero también queda un amor infinito hacia un alma buena pero atormentada… un alma que Dios aceptó recibir anticipadamente, un alma que juega como niña en el Cielo y que está ya con nuestra abuelita y con nuestro papito. Un alma que sabe que ya todo está bien, que no sufre… y nosotros sobrevivimos con la esperanza que ella está mejor ahora y que nosotros podemos honrar su memoria y su vida siendo una familia unida y sobrellevando los problemas un día a la vez. Ahora tengo una hermana mayor en el Cielo que está sana y está libre de las miserias que le tocó vivir en la tierra, una con la que practicaré ser la hermana menor para sanar esa parte de mi que también estuvo tan maltratada durante todos estos años.
Edad de quien falleció: 47 años
Edad de la autora: 43 años
Tiempo transcurrido desde la pérdida: 6 meses
