Cómo ayudar a los más jóvenes


Una guía práctica para la familia

Para muchos adultos, el suicidio es un tema atemorizante y molesto. Si usted se encuentra en una posición donde debe explicarle un suicidio a un niño(a), podrá estarse preguntando cual es la mejor manera de hacerlo. Podría sentirse tan abrumado que se sienta tentado a “protegerlo(a)”, diciéndole que la muerte fue causada por un ataque cardiaco o un accidente, en lugar de un suicidio. Para ayudarle, le ofrecemos una guía práctica.

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Decir la verdad

Si alguien muriera de una enfermedad cerebral, tal como un tumor, usted intuitivamente sabría que decir, incluso a un niño(a) pequeño(a): “Papi murió de una enfermedad seria en su cerebro”.

Así que es importante tomar en cuenta que las investigaciones muestran que más del 90% de las personas que mueren por suicidio tienen una enfermedad mental diagnosticable (aunque no siempre identifcada), a la hora de su muerte; la mayoría del tiempo depresión, desorden bipolar o esquizofrenia, frecuentemente complicados por el abuso de sustancias. De la misma manera en la cual la gente puede morir de enfermedades del corazón o cáncer, pueden morir como una complicación de una enfermedad psiquiátrica.

Estas enfermedades pueden ocasionar terrible sufrimiento y desesperanza. También pueden afectar la habilidad de una persona para tomar decisiones apropiadas como buscar ayuda, continuar un tratamiento o tomar medicamentos prescritos por un médico. Si usted logra empezar a percibir el suicidio como el trágico desenlace de una enfermedad seria, y no como una debilidad moral, un defecto de carácter, irresponsabilidad, o un acto hostil, le será más fácil hablar sobre ello abiertamente y con compasión.

Hablar sobre el suicidio no aumentará el riesgo de que otros finalicen su vida. De hecho, como una muerte de cualquier otra enfermedad seria, el suicidio es ahora parte de la historia médica familiar. Saber la verdad sobre la existencia de enfermedades mentales y suicidios en la familia, le permite a todos los miembros sobrevivientes, mantenerse vigilantes con respecto a su propia salud y adoptar medidas preventivas.

Aunque es comprensible que los adultos naturalmente deseen proteger a los niños(as) del dolor y las malas noticias, escudarlos de la verdad puede minar la confianza y crear un legado de secretos y vergüenza que puede perdurar durante generaciones. La mejor manera de proteger a los niños(as) es ofreciéndoles comodidad, tranquilidad, y respuestas honestas a sus preguntas.

Paso 2 de 3

¿Cómo empezar?

Encuentre un lugar donde puedan hablar tranquilamente y sin interrupciones. Incluya a otro adulto si su presencia es reconfortante para usted o para el niño(a). Deberá ajustar sus palabras dependiendo de la edad del niño(a). Si debe hablar con varios niños(as) a la vez, empiece con lenguaje apropiado para el más pequeño.

Elegí la edad del niño o niña

Los niños muy pequeños(as) (0-3 años), no entienden el significado o la permanencia de la muerte, por lo cual necesitan, sobre todo, ser reconfortados y recibir afecto físico. Si preguntan donde esta “Papi”, por ejemplo, responda simplemente, “Papi ha muerto y estoy triste. Estoy aquí y voy a cuidar de ti”.

Con niños entre los 3 y 6 años, querrá empezar por explicar, “Sé que me has visto llorar. Estoy muy, muy triste. Papi ha muerto.” Luego puede explicar, “Morir significa que la persona no puede comer, escuchar o hablar, porque cuando alguien muere su cuerpo no funciona más y no puede ser reparado. Cuando alguien muere, muere para siempre.” Los niños de estas edades tenderán a enfocarse específicamente en lo que la muerte significa para ellos (es mi culpa? Quién cuidará de mí y me contará historias? Morirá Mami también? Moriré yo?). Frecuentemente no expresarán estas preocupaciones pero de todos modos manifieste que siempre habrá quien los cuide y los quiera. Puede que no pregunten como sucedió la muerte, pero si lo hacen, usted puede empezar diciendo simplemente, “Papi se suicidó, lo cual quiere decir que él mismo se mató.” El resto de la conversación dependerá de la respuesta del niño(a) ante estas palabras. Es probable que no tenga mucho que decir y hasta cambie el tema. En general, los niños pequeños(as) se centrarán más en la pérdida y lo que significa para ellos, que en las causas en sí.

Permita que el niño sea quien dirige la conversación. Conteste sus preguntas honestamente, cuidando de no “maquillar” la realidad con frases como “está dormido”, las cuales pueden confundir a los niños(as). Entre mayor sea el niño(a), mayor la probabilidad de que haga más preguntas directas. A continuación algunos ejemplos de lo que llamamos respuestas honestas:

Probablemente sufría una enfermedad en su cerebro que lo confundió y no le permitió ver que podía pedir ayuda.
No lo sé – quisera saber la respuesta a eso.
Esa pregunta tendrás que hacérsela a tu mamá/papá.
Con una pistola

Quizás no quieran hablar mucho al respecto, pero al igual que los adultos, los niños(as) podrían preocuparse de que el suicidio haya sido su culpa. Asegúreles que no son responsables y que nada que hayan hecho o dicho podría haberlo ocasionado. Hágales saber que todos tenemos diferentes maneras de lidiar con lo sucedido. Y reconozca sus propios sentimientos en torno al suicidio: “Me entristece mucho. También estoy muy enojada. No puedo creer que esto nos haya sucedido”.

Si ya diste otra explicación

Y si ya les dijo que la causa de muerte era un ataque cardiaco o un accidente? Siempre puede arreglarlo: “No estaba segura de que decirte y tomé una mala decisión. Me gustaría que empezáramos de nuevo”.

Ver frases en lenguaje sencillo

Sin importar la edad del niño(a), haga su mejor esfuerzo por usar lenguaje sencillo y honesto. Algunas sugerencias a continuación:

  •   Se suicidó. Suicidarse significa que se mató él mismo.
  •  Tenía una enfermedad muy seria en su cerebro. La enfermedad se llama depresión. Es muy diferente que solamente tener un mal día.   
  • La enfermedad en su cerebro hizo que… se sintiera muy confundido… que no tuviera esperanza… que tomara malas decisiones… que   
  • No sabía como buscar ayuda y no encontró otra manera para detener el dolor.
  • El suicidio es complicado – nunca sabremos exactamente lo que estaba pensando o sintiendo – pero si sé que ha de haber tenido mucho dolor.

Paso 3 de 3

¿Ahora qué?

Los niños viven su duelo de una manera distinta a la de los adultos. Se dará cuenta que de repente quieran tener la conversación en varias “dosis”, haciendo preguntas adicionales después de cierto tiempo, moviéndose entre la conversación y el juego.

Esté preparado para hablar sobre el suicidio muchas veces durante los días y semanas siguientes, y de hecho, a lo largo de la vida del niño. Usted puede invitar al diálogo permanente con una frase como, “Puedes hablar conmigo ahora o luego, sobre lo que sientes. Y si tienes más preguntas, estoy aquí para contestarlas. Puede ser difícil averiguar lo que necesitas ahora, pero lo averiguaremos juntos.”

Los niños menores pueden hacer la misma pregunta varias veces (Por ejemplo: “Cuando regresa Mami de estar muerta?””Donde está Papi?”) o hacer anuncios repetitivos tales como contarle a extraños en el supermercado que “Mi Mami se murió”. También podría ocurrir algo de conducta regresiva tal como orinarse en la cama, chupar dedo, dificultad para vestirse, ansiedad de separación.

Los niños podrían comportarse de maneras que dejan perplejos a los adultos. Puede parecer que la noticia del suicidio no los ha perturbado en lo más mínimo, o puede que deseen continuar como si nada dramático hubiera sucedido. Esta “negación” simplemente puede significar que necesitan más tiempo para procesar la pérdida. Esté seguro de que no necesitan hablar para sanar.

Pero es importante que usted invite sus preguntas, las cuales pueden aparecer cuando uno menos lo piensa. Podría ser beneficioso el “chequear” con ellos periódicamente y asegurarse de abrir espacios a solas con ellos, en medio de la turbulencia tras la muerte.

Brindar información honesta, promover las preguntas y ofrecer amor a sus hijos, puede permitirle a su familia encontrar la fortaleza necesaria para lidiar con esta terrible pérdida.

(Nota: Traducción de un texto de American Foundation for Suicide Prevention)